Vero. La realidad.

lunes, diciembre 28

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A ninguna parte.

A veces creo que no llego a ningún lado. Pero persisto en mi intento, sin cejar. Sin rendirme.

Como un perro que va corriendo detrás del carro de su amo, sin saber adónde lo llevan. O sospechándolo, comprendiendo el misterio del espacio que lo separa del destino.

Pero algo conecta en mí. Un diente encastra; y todo vuelve a funcionar. Tus ausencias suelen ser ciegas muestras de la euforia; y sólo comprendo que te deseo tanto como me merezco al reencontrarte, porque lo quisiste.

Sólo el tiempo dirá si al final vale la pena. Mientras apago el enésimo cigarrillo y me caigo entre humos inhóspitos al abismo de la espera.

Espera que vale sonidos. Que cuesta vida. Que parte el alma. Que enseña. Que reduce las posibilidades del dolor a la mínima expresión. El deseo se desarma en miles de caminos.

Yo te he visto. Sé donde estas; o al menos puedo comprender qué te traés entre manos. Y lo que sea que tengas en tus palmas tibias me gusta. La noria invisible de las transgresiones. Y todo vuelve a encajar.

Una llamada desde la esquina. Viajes con poco de negocio. Una incierta lista de gestos prohibidos, y palabras vedadas a tus oídos.

El otro diente encaja y ya son dos. Una feria agrícola por ahí, un cursillo por allá. Y soñamos con encontrar ese espacio que nos pertenece.

Aunque hoy no quieras, aunque las películas sean ficción. Aunque me pienses mientras concinás un lemon pie.

Y todos los sueños creen ser de gente despierta. Te sigo buscando; intentando comprender la marcha de tus engranajes inciertos, de tus levas brumosas, de tu maliciosas conexiones neuronales.

Te buscaré en las estaciones y en las calles, olfatearé las avenidas, por si encuentro el perfume de tu voz. Babearé detrás de tu estela, bajo la esencia de tu carne. Ladraré a una luna que no veo para ver si me escuchás. Me rascaré las pulgas del incontrolable deseo de verte a los ojos.

Recorreré el océano para saber si en verdad te has ido fuera. Fuera de la ciudad. Fuera de mí.

Descubriendo que el deseo es una red; y no una vía.

Intento atraparte en ella... no puedo negarlo.

Yo voy. ¿Vos vas a estar?