
Las pocas personas que me conocen en la vida real (la de verdad) saben a qué me dedico, además de a incordiar a diestra y siniestra.
Bueno, la cuestión es que ayer tuve que hacer un trabajo para un cliente que quería algo acerca de la Bella y la Bestia, el clásico de Disney.
¿Disney?
Nada que ver... la Bella y la Bestia me recuerda tanto a una situación personal que me hizo pensar mucho en la historia de verdad, no la versión edulcorada.
El cuento de la Bella y la Bestia tiene raíces nada menos que en la mitología griega. ¿Mande?
Sí, dándole vueltas al boche comprendí que la Bella y la Bestia no es otra cosa que una vuelta de tuerca de aquella historia de las Metamorfosis (la de Ovidio, no; la de Apuleyo) que se llamó "El Asno de Oro".
En esta leyenda se cuenta que Psique era la más pequeña y hermosa de las hijas de un rey de Anatolia. Como Afrodita es una diosa muy envidiosa (perdón por la involuntaria rima) manda a Eros, su hijo, para que saque de su carcaj una de sus flechas de oro oxidado (¿qué otra cosa es el amor que una herida hecha con algo bello pero degradado, como es el corazón humano?) y de ese modo, Psique se enamorase del hombre más espantoso y malo que se llevase por delante.
Sin embargo, Cupido la ve y se enamora de ella como un perro (no sé por qué me gusta decir que cuando la gente se enamora mucho se enamora como un perro, será por la persistencia que los perros tienen en enredarse con las perras cuando las huelen en celo, pero bien, éstos son rollos míos).
Se enamora porque Psique es pequeña, es bella, es inestable, y por sobre todas las cosas... es lo que el sentido común (su madre) le dice que no le conviene.
Entonces Cupido tira la flecha de oro oxidada al mar, y la rapta, y se la lleva. Se la lleva porque sabe que este amor puede durar poco, y necesita tener un espacio para ella. Por eso crea un palacio, donde la agasaja. Pero siempre a oscuras. Porque tiene miedo de la ira de su madre, o sea, del sentido común.
Y permítanme hacer una digresión acerca del sentido común.
El sentido común es una serie de creencias que supuestamente tiene la mayoría de la gente y que les parecen un accionar prudente. Dicen que el sentido común se trata de lo simple, o de lo que es más "común" en lo atinente a la distinción cartesiana innata entre lo verdadero y lo falso.
Pamplinas.
El sentido común en realidad, es la raíz, la génesis de la sensibilidad externa. Desempolvando mis estudios de derecho (he tenido la fortuna de explicarle a algunas mentes jóvenes acerca de esto siendo yo mismo una mente muy joven) , el sentido común es lo que se dice hará el Bona Pater Familiae, el buen padre de familia en el derecho romano.
Es decir, la figura del buen padre de familia es quien aplica sus conocimientos con la necesaria sensatez como para conseguir los mejores resultados con los recursos necesarios.
El sentido común, después de reflexionar muchísimo, es un concepto complejo, que (irónicamente) es diferente para cada uno de nosotros.
Reduciendo todo a la mínima expresión, el sentido común es una idea que nos hace sentir cómodos. Si nosotros creemos que "estaremos mejor" llevando a cabo tal acción, ésa es la que deberíamos seguir porque nos produciría menos cargo de conciencia.
Pero volvamos a nuestro cuento. La Bella y la Bestia es un cuento que ha recorrido Europa y mutado de un modo natural con tanto viaje. La versión en la que se basa la película fue escrita por una tal (tomamos aire) Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, a mediados del XVIII. Pero en realidad la Beaumont era una especie de Coelho, porque se apropió de la historia y la simplificó, de las 400 páginas originales (publicada quince años antes por una escritora francesa que se llamó Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve), a tan sólo 64.
Pero, hete aquí, dándole forma al mito una vez más, la señorita Villeneuve no gozó de la fama debida (la que le correspondería al sentido común) por su condición de mujer y escritora en los estertores de la edad moderna. Lo que el sentido común no llegó a comprender del todo es que la autora original también era de una mujer. Pero el sentido común no creía capaz a una mujer de escribir cuatrocientas detalladas páginas.
Pero, entre nosotros, la versión definitiva del mito convertido en cuento, es muy anterior, de Giovanni Francesco Straparola, un escritor del Renacimiento no demasiado conocido (por nosotros que somos unos ignorantes, claro) que realmente fue almoneda de maravillosos cuentistas y dramaturgos como Perrault y Molière, nada menos.
Straparola es de un pueblito italiano bellísimo llamado Caravaggio; al sur de Bérgamo, que es una ciudad un tanto gris, demasiado industrial. Y su obra primordial se llama Le piacevoli notti, que es algo así como Las Mil y una noches en versión italiana, pero originalmente concebida como una sátira del Decamerón, de Boccaccio. Una sátira de una sátira. Divertido.
Pero otra vez me voy de la historia.
La versión de Beaumont, que es algo así como la misma que la de Straparola pero metastizada, con ramificaciones y extensiones cuenta la historia de un mercader que naufraga, y se refugia en un castillo que parece abandonado. El hombre convertido en okupa se adueña del palacio y lo recorre, sorprendido de lo limpio y ordenado que parece. Entonces se dice "ésta es la mía" y se morfa todo lo que puede de la despensa, se revuelca en la cama señorial y al despertar ve un magnífico traje. Se lo prueba, y aunque le sienta un poco grande, no se lo quita; y actúa como el dueño mismo de la casa. Aunque algo en su corazón (tal vez el dichoso sentido común) le dice que algo anda mal. Entonces se hace una mochilita con comida, y se va yendo con paso de murga. Pero recordó a su hija, Bella, que no pidió (como sus hermanas) ningún regalo caro, sino una rosa de las tierras que visitase. Entonces cortó una flor del rosal para llevársela como recuerdo.
Entonces -claro- aparece el dueño del castillo, la Bête, la bestia, que no se enoja por todo lo que ha hecho en el palacio, pero sí por haberle cortado la rosa.
El amo del castillo lo deja ir a casa, pero con una condición: debe volver con una de sus hijas para que tome su lugar. Bella, que se siente culpable por haberle pedido una rosa a su padre; y que la rosa le haya causado este inconveniente, se ofrece a tomar su lugar.
Cuando llega al castillo, Bella cree que será lo último que haga; que morirá. Sin embargo, Bestia la lleva a unos aposentos deliciosos, y le manifiesta abiertamente su amor, ofreciéndole matrimonio.
Ella le dice que nunca podría amarlo porque si no hubiera sido por su severidad, ella estaría ahora mismo con su familia. Conmovido, el amo del palacio le regaló un espejo mágico, que le permitía ver a su familia constantemente.
Entonces volvemos de modo circular a la historia de Cupido y Psique. Lo que importa es poder ver, percibir las reacciones del ser amado, conocerlo, establecer un lazo sensorial que debe ser, en la medida de lo posible, exclusivo. Como Cupido sabía que si su madre Afrodita no veía a su amante, no podría tomar represalias; y como (asimismo) sabía que si Psique no veía que Cupido era bello; y seguía en la creencia de que era una horrible bestia desagradable, ella se sentiría satisfecha, porque se cumpliría (al menos en las percepciones) la orden de la diosa del amor.
Así somos a veces, mostramos nuestra peor cara, a sabiendas de que si mostramos la más bella, corremos el riesgo de ser idealizados, y que la otra parte tema conservarnos. O viceversa, claro.
Por supuesto, estos son mecanismos internos, inconscientes. Emergentes de nuestros deseos.
Sí, ya sé que me enrollo. Al final... ¿de qué trata el cuento?
De entrada, el cuento simboliza la animalidad integrada en la condición humana, que sólo puede ser redimida por el amor. También se vincula seguro con la madurez sexual, y al idea de que todo hombre que sienta un deseo sexual hacia Bella es una bestia.
Literalmente.
Pero si somos un poco menos crudos, o críticos con la mentalidad literaria de esos tiempos, la cosa sería que el sentimiento de la Bestia es primitivo y brutal, pero el amor de la mujer lo transforma en algo humano y comedido, que se cristaliza en la conversióin, el paso de la Bestia al delicado Príncipe.
También se ha interpretado como crítica a los matrimonios por conveniencia. Las primeras versiones del cuento provenían de personas de clase alta del ancien regime francés, donde tales uniones eran habituales. La unión de una chica, especialmente joven, con un hombre mucho mayor que ella, sin su consentimiento, se observa como metáfora en la narración. El cuento critica estas prácticas, pero al mismo tiempo reivindica que, si las mujeres buscan en el interior de sus ancianos (¿eufemismo por "feos"?) maridos, pueden encontrar al ser bondadoso que se esconde tras la apariencia de Bestia. O que ellas mismas consigan esa transformación por medio de su amor
Y como hay gente para todo, no hace mucho descubrimos que existe una especie de Tabla Periódica de los cuentos, un mapa para saber adónde van las historias; y de dónde vienen. Esta clasificación fue creada por un finlandés llamado Antti Aarne (y luego completada por un folclorista americano llamano Stith Thompson) . Esa tabla periódica se llama Clasificación Aarne- Thompson . En ella, la Bella y la Bestia ocupa la la categoría 425A: Animal o Monstruo como novio o amante.
Se los juro, no me lo invento.
En general se trata de tres hermanas. Siempre la más pequeña, Bella, es bondadosa y pura; y por supuesto las otras dos muestran algunos de los peores defectos de la condición humana: que se representan en los pecados capitales, claro. En general Bella no tiene una denominación específica, simplemente es la más chica de las famila, y le dan ese mote porque es bonita, y porque es la niña de los ojos de su padre. La mamá está ausente, y de esa manera se pasan por alto los conflictos que supondría que una madre protectora no estuviera de acuerdo con que la niña se fuera a vivir con un mostro. Aunque la Bestia pueda adquirir un montón de formas ditintas (lobo, víbora, hasta un chancho), el motivo es siempre el mismo: es rico y poderoso, pero nunca bello. En un momento determinado, Bella se separa de la Bestia, que cae, por alguna extraña razón (amor, traición, designios mágicos de su maldición, etc), terriblemente enferma y yace moribunda. Los remordimientos de Bella, ya sean en forma de una simple lágrima vertida o un viaje hasta el fin del mundo por volver con su amado, salvan a la Bestia, y ésta se transforma en un hermoso príncipe. La belleza implícita de la Bestia resurge cuando Bella es capaz de atisbarla bajo la desagradable apariencia exterior.
O sea, cuando por fin ella puede verlo.
Y volvemos a Cupido, Psique, y la percepción del otro.
Pero más interesante es el contexto psicológico. Los hombres suelen ser pasivos; las ancianas poco o nada comprensivas; Bella, la más joven, siempre es pura y virginal, y su mayor deseo es una rosa. Para griegos y romanos, la rosa era el símbolo del placer, asociado al lujo y a la extravagancia. Representaba la flor del amor y el romance. Resalta el amor de Bella hacia su padre, al pedirle que le traiga una rosa.
Por eso, la próxima vez que lleves a tu nene al cine, pensá lo que van a ver, porque puede que en vez de ir a ver "Antz", estés viendo "La rebelión de las masas".
Imagen: estación ferroviaria de Caravaggio, Italia.