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PECADOS CAPITALES VII - AVARICIA

martes, diciembre 19

36 murmullo(s)  


Es mío...
Me propongo retener todo lo que quiero para mí y no soltarlo
Acepto cualquier cosa menos dar lo que yo quiero. Hay cosas que me ayudan a vivir, y que escondo en un arcón lustroso acá en el pecho.
Tres copas de vino, un abrazo de encuentro. Un beso apasionado, y otro.
Ramitas de tu esencia, que enciendo de vez en cuando con dolor porque se acaban, y con placer porque puedo oler tu alma a cada ráfaga.
Son cosas mías.
Como tu voz por la mañana, y los breves mensajes abreviados. Como tu pelo enredado y ese traje que te vi, del mismo color que el vino antes citado. No los suelto... tendrán que quitármelos de mis helados dedos muertos.
Avaricia absoluta. Pretensión de poseer. Un post it doblado, con preguntas que quisiste hacerme (y me hiciste) y que escondo en la billetera. Un cigarrillo que escondí en la campera de cuero. Tu recuerdo. Tus ojos nublados de humo.
Tu boca dándome un beso. A la distancia y en directo. Tacañería de cada segundo pasado juntos y robado al vuelo. Tus "gracias por estar". Una tarde de domingo con revelaciones y celebraciones. Una semana fantástica que no termina. Tu música y la mía, que es la misma.
Egoísmo extremo. Causa y efecto de eso que me vas dando de a poco... y que percibo como cada vez más bello. Te retengo. Te re-tengo. Pero sos más mía siendo vos. Vos y tus circunstancias. Vos y tus viajes a las capitales del norte. Vos y tus noches sin mí. Yo y mis noches sin vos.
Vos y un atasco que no hemos podido compartir hoy. Mezquindad deliciosa, que siento al comprender que me habías elegido. Al haber posado tu alma en la mía cuando podría haber sido en cualquiera otra alma mas cercana...
Codicia del aire que te rodea. Del asiento de al lado en el auto. De repetir ese café en la estación. Ambición de que esas horas y pico vuelvan a dar, y se vuelvan a dar... multiplicadas.
Avidez de tu boca, de tus piernas blancas, de tus pechos dulces y preciosos, de tu ombligo infinito. De la luz que emana de tu pelo. De tu nariz y tus pómulos.
Anhelo, deseo, ansia. Afán de contenerte, retenerte, poseerte, abrazarte y no soltarte.
Pero aún más interés en que seas vos... para mí o para quien sea. Que sonrías como lo harás cuando leas esto. Que seas feliz me parte el pecho de amor. Conmigo o sin mí.
Porque no voy a soltarte.
Solo vos, que sos libre, sos mía.
No necesito nada más.

PECADOS CAPITALES VI - IRA

martes, diciembre 12

11 murmullo(s)  

Desde la posición de reposo.

Algo puede conseguirlo. Una mosca insignificante. Un recuerdo. Un deseo incumplido. Un silencio indebido.

Pero especialmente puede lograrlo una palabra.

La ira es un pecado en el que no suelo caer. Pero si me ocurre, me revuelco en ella.

Descargo mi furia contenida, por semanas, meses, incluso años, y me suelto.

Me desnudo por una vez, y ahorco con mi corbata nueva (sí, la negra de pintitas...) a la chica de la limpieza.

Escupo sobre las estrelitzias nuevas que nos costaron tropecientos euros, y pateo al señor de la silla de ruedas.

Me embriago en patear sillas y cajas de folios. Destruyo aquel informe que costó semanas y formateo el disco duro de la facturación.

Y con toda la furia de la que soy posible... fracturo las falanges de un guiri que se lo venía buscando.

Furibundo, enloquezco y doy vuelta las mesas de los bares, sin importar su contenido, ante la mirada atónita de los camareros. Frenético, ensillo los caballos del dolor, y coceo a la dependienta del banco que tiene un diente apenas roto, y le queda tan mono para rompérselos del todo.

Irascible, me dedico a insultar a cualquiera que ose llamar al teléfono, y le cuelgo a quien me llame al celular. Delirante, empujo a la ancianita y arrojo a la cuneta al niño.

Como un energúmeno, me dejo llevar por el desenfreno de las palabras cortantes y maliciosas, despacho a un gato y pateo a mi propio perro, que no entiende lo que pasa.

Encrespado, me elevo sobre mis propios zapatos y me siento deshacer en trifulcas. Enajenado, me impulso sobre los archivadores y los abollo inexorablemente aunque aguanten el embate durante un tiempo.

Trastornado, violo los sellos de las galletas danesas y las dejo abiertas para que agarren humedad. destrozo las bolas del árbol de navidad. Mato al jardinero de mis dilemas. Espachurro las envolturas de los post-its y maldigo a los bomberos que me quieren vender rifas y a los recolectores de residuos que quieren venderme bolsas a precio de oro.

Iracundo, me siento capaz de cometer toda clase de atrocidades: doblo todos los clips para hacerlos inutilizables. Le pongo edulcorante al mate. Me pongo una camisa celeste con un pantalón marrón. Pongo los pies sobre la mesa, y hablo con la boca llena.

Fiero, terrible, así me siento.

Exasperado, inflamo dos sahumerios a la vez, y completo el sudoku metiendo dos nueves en el mismo recuadro y tres ochos en la misma linea. Me hurgo la nariz y deslizo patés sobre la superficie impoluta de la moqueta.

Indignado, me siento inane ante las noticias de asesinatos en Irak, y la muerte del viejo dictador genocida me da igual sólo por un segundo. Enfurecido, destruyo todos los diskettes de 5 1/4 que eran un recuerdo de noséquien. No me duele escribir en azul enun formulario oficial, y firmar con una margarita.

Irritado, me sueno los mocos haciendo ruido, y echo desodorante de ambientes sobre el queso de Burgos. Enojado, me siento capaz de decirle "no" a esa flaca fea que quiere que le mande un fax.

Impetuoso, pongo los papeles de un cliente en la carpeta de otro. Mato pajaritos con la mirada violenta. Excesivo, contesto a una encuesta telefónica que nunca he mirado ni miraré los documentales de la 2 y que me gusta el canal autonómico valenciano.

Apasionado, me dejo la barba aunque se me vea feo. Exaltado, llevo por segundo día consecutivo zapatos con vaqueros.

Vehemente, me dejo llevar por la ira... y se siente... más o menos bien.

Arrebatado, piso el césped donde está prohibido, y giro en contramano. Me tocan bocina y me importa un carajo... porque me siento furioso, iracundo.

Y todo porque no estás conmigo.






Foto: Autorretrato Ira (Juliette/Magenta)

PECADOS CAPITALES V - GULA

viernes, diciembre 1

54 murmullo(s)  


Con las dos manos... con ambos maxilares.
A dos carrillos. Con desesperación.
Intento comprender por qué deseo tanto comerte. Llenarme la boca de vos.
No puedo.
Sólo sé que este hambre no es de hoy.
Que esta necesidad de probar tu sabor lleva años madurando en las barricas de fuego de mi alma, y estacionada hasta que llegaste a mí.
Y ahora sólo deseo consumirte.. consumirme en vos... ahogarme de tu piel. Tragar cada gota de sudor y saliva. Engullir las arrugas de tus codos, zamparme tu hígado a fuego lento.
Ingerir cada nota de tu voz, tomar un plato de tu boca, absorber la locura que nos ciega...
...Comerte.
Alimentarme de tu sombra, nutrirme de tu perfume... sustentarme con tus palabras.
Esa insaciable gula que me atenaza, que me invita a atiborrarme de tu pecho desnudo, hasta saciarme y más... hasta quedar ahíto de tu vientre.
Devorarte los huesos y rehacerte a mi imagen y semejanza, sólo para confirmar que sos igual que antes.
Un hambre infinita que solo requiere de este pecado para no-saciarse.
Trituro con mis dientes tu corazón, y se me embute entre el pecho y la espalda... junto al mío.
Te como.... angustiado por la espera hasta el último bocado.
Desmenuzo con las muelas este ansiado tiempo que separa nuestro encuentro, y me sabe a arena... a viento, a nieve derretida.
Saboreo tu maliciosa espalda. Paladeo tus delirantes dedos... siguiendo sus formas y sus fondos... sus texturas...
Me nutro de tu carne y de tus alas de ángel.
Y sólo cuando tras un opíparo encuentro me encuentro con el plato especial de tu sexo, sé que ha acabado este ayuno.
No te escondas... intento condimentarte.
La abstinencia ha terminado.

PECADOS CAPITALES IV - ENVIDIA

lunes, noviembre 27

34 murmullo(s)  


Para la antorcha que iluminó este y otros días

Definición: La envidia es una emoción experimentada por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La base de la envidia es el afán de poseer y no el deseo de privar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión es el único disponible la privación del otro es una consecuencia necesaria.

Envidia.



Me parte el pecho saberte tan lejos y tan ajena.



Envidio a aquel que puede ver tus despertares, a aquel que comparte tus sueños. Aquel que comprende cada uno de tus gestos.



Envidio al suelo que enfría tus pies de madrugada, al sol que puede tocarte sin herirte.



Tengo celos de quien puede abrazarte si hace frío, o mojarte de besos en las noches serenas.



Inmunda rivalidad que aparece en mi piel cuando no puede alcanzarte. Asumo mi dolor, y lo expongo.



Envidio a quien tiene tantas siestas con vos en sus espaldas, y a veces desaprovecha la ocasión de disfrutar algunas.



Rencor ingrato por saberte mía y no tanto.

Envidio aquellos momentos que preceden al abismo de tus orgasmos, aquellos sonidos que sólo él escucha e incluso a vos te está vedado.



Codicia por tus pies infinitos, tus rodillas intensas, tus muslos agónicos, tu cintura cósmica, tu pelo enredado.



Apetencia infame, lagunas de angustia por cada suspiro que no está en mi oído.



Posesión desprendida. Envidia solitaria de mi piel bajo la lluvia.

Envidio a ese cigarrillo que pende de tus labios. A esa luz que te rodea, a esas manos, que pueden tocarte siempre que lo desean.

Apetencia de tu alma, deseo de tu cuerpo, pasión por tus límites y tus excesos. Apetito por esa voz que parte los cielos y apaga los cuerpos.

Dolor por aquellos que al verte pasar no se dan cuenta que sos vos, que sos Ella. La del lunar, la de las botas, la de la falda, la de los libros... la del banco del parque. La de los besos soñados.

Y alivio... al fin, al comprender que todo es cuestión de paciencia.




Al fin y al cabo... no sos de nadie.
Por eso sos tan mía.









Foto: Medio Yo (julio 2005)

PECADOS CAPITALES III - SOBERBIA

sábado, noviembre 25

9 murmullo(s)  


Es una sensacion apesadumbrante.

Duele.

Duele saber que estás so far so close.
Pero me hincho de dolor, y respondo con esa maldita suficiencia... soy yo, y te quiero para mí.

Es una increíble tortura querer (te) seguir el ritmo.

Arde el espacio sin tu voz. Escalda la dicha compartida. Me creo el rey del universo cuando te abrazo... y el mismísimo Dios cuando tus sentidos están acaparados por los míos.
Lastima este impedimiento de moldear tu vientre con mis manos... y poseerlo para izarlo en la mas alta de las torres de mis castillos.

Hace daño pensar en si algun dia el cosmos me da la oportunidad... podré salir victorioso a mostrar mi conquista. Porque no es eso lo que quiero. En mi soberbia infinita quiero quedarme con ella, y esconderme en la mazmorra de mi nueva soledad compartida.
Peno por no poder contenerte dentro de mis límites... incluirte en el conjunto de mi humanidad... y desperdiciar el tiempo en caricias debidas. Y nunca pagadas... pero mi soberbia es, como ya te dije, infinita.
Me atormenta no poseer el don de la bilocación para estar ahi con vos... y emborracharme de pelo, de besos, de cuellos de omóplatos, de clavículas, de lenguas... Y gritar a viva voz que sos mía... para que todos lo sepan... yuna vez la soberbi me ahoga
Me acongoja no poder escapar de tu voz hipnótica, rota y destemplada, serena y macabra.
Me traspasa el alma no ser el Champollion para leer entre lineas la piedra rosetta de tu abismo insondable...

Me apesadumbra no poder contener en mi historia la tuya... y me molesta en el pecho no poder hacerte un espacio en la mía en este instante... en este mismo momento...
Pero si hay algo que nos sobra es el tiempo...
Si, soy un soberbio irredimible...pero más aún: soy un cobarde.
No se lo digas a nadie, pero sólo con vos soy valiente.
Foto: Juliette/Magenta (Autorretrato)

PECADOS CAPITALES II: LUJURIA

lunes, noviembre 20

8 murmullo(s)  


Ella espera en alguna parte. Aunque no espere.
Pienso en sus cabellos revueltos, y en su sonrisa pegajosa. Y vuelvo a caer en el pecado.
Pienso en ella lujuriosamente, estrepitosamente la quiero conmigo, aunque ese es un deseo cumplido.
Si no puedo tocarla me invade una desazón clamorosa, una infértil duda que me requiebra esta soledad acompañada.
Le suelto el pelo... La miro y no sé hacer otra cosa. Bastoncillos y córneas, iris y cristalinos en monofunción. Solo quiero mirarla desnuda y demudarme.
Tocar sus dedos licenciosos y perdonar el silencio. Con otra canción. Una que hable de alguien que anda suelto disfrazado de faisán.
Lujuria impenetrable. Pavada de contradicción.
Imponente y pretenciosa necesidad de tomarte, y no soltarte. Preguntarte que se siente al ser tan deseada. Legumbres en los pies. Saltos suicidas al abismo de tus pechos.
Urgencia y prontitud. Sensación de poder.
Escasez de tu piel. Maliciosamente me inspiro en vos para dedicarte mi momento más intimo y maravilloso. Ese en el cual me mojo y sueño que te mojo.
Nunca amé tanto la lluvia que te humedece como hoy que no llueve.
Te deseo. Parsimoniosamente.
Tanto que me dejo llevar por el lunar de debajo de tu ojo, por la curva en tu suéter celeste. Y espero que la luna no se lleve la bruma. Que se empañen los vidrios de tu alma, para que pueda entrar sin que me vean.
Y la piel obsecuente no puede separarse de la tuya. Y tus manos son una copia de las mias... y nos xerografiamos el corazón para guardarlo en una caja. Y empezamos a pensar en otras cosas.
Pero otras cosas juntos.
Porque Ella tiene las dos iniciales de tu nombre. Y la letra final.
Y tus pechos el olor de tus sahumerios.
Y tus hombros el sabor del jamón ibérico.
Y tu boca el regusto del vino más noble.
Y tu corazón me ha hecho un hueco. Y lo deseo para mí.
Y tus rodillas han estado bajo mis manos. Y tus ojos me han mirado con ganas de más.
Sólo por eso no puedo dejar de desearte.
Porque vos sos Ella. En mayúsculas... el objeto/sujeto de mi lujuria.
Ella me hace caer. Y a mí me encanta este abismo.
Soy un pecador.
No me perdones.



Foto: Juliette/Magenta (MI amiga) (autorretrato)

PECADOS CAPITALES: PEREZA

miércoles, noviembre 15

8 murmullo(s)  


Comodidad... impedimentos de moverme porque estoy recostado en tu pecho

Molicie, insensato cansancio al desvanecerme en tus pecas de angustia.

Galbana, flojera y desazón en las ganas de tirarme en tu cama a esperar el amanecer, tumbado, mientras cuento tus vértebras.

Me dejo llevar por el deseo que hace todo por mi, mientras los malos recuerdos se enmohecen y se requiebran en malditas tumbas.

Indigencia de movimientos, pobreza de acción... solo quiero estar... permanecer, ser un ser... siempre a tu lado.

Somnolencia infame que agota mi recuerdo. Maldita música desvencijada destinada para el amor perezoso y bello.

Vagancia de estilo, de noches, de curvas peligrosas. Impotencia calculada. Infaltables miradas descarnadas asesinadas canceladas por tus andadas.

Ociosidad perniciosa. Maldita dejadez de todo, menos de los deseos. Extrema castidad de movimientos. Inactividad infinita. Deliciosa e inestimable piel que me apoerrea el alma.

Inacción indisoluble que me permite la mística muerte de mi boca azul en cada uno de tus dedos.

Inercia estupenda que me empuja a descubrir cada palmo de la geografía de tu boca

Ocio delator de adversidades, implacable luz de la paciencia. Quiero alcanzarte y no puedo moverte.

Holganza atroz envenenada, que me inmoviliza como un venado atravesado por la flecha asesina de tu risa y tus palabras mágicas.

Magia de haraganería difusa que se desplaza como dentro de un frasco de miel... pero puede verte al otro lado del cristal.

Roncería patidifusa... inmovilidad patética... paparulismo invidente... chitrulez indecente... bobería irredenta.

Pachorra pretenciosa, Inmunda lentitud calculada, como una bandera trepando en su mástil. Como las caricias maliciosas que me venís prometiendo. Tardanza irrelevante.

Abandono perpetuo y doloso. Dejadez licenciosa.

Apatía al leer tus palabras en cada contacto, Indolencia magnánima, Flojedad preciosa de mis piernas al oirte...

Llegaste a mi vida.

Y por fin me muevo...