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TROPOS LVI - HIPÁLAGE

lunes, noviembre 12

2 murmullo(s)  







Un escote atrevido.

Una transparencia sugerente. Sus manos perversas. Las esperas diminutas. Y a tus ojos, que le gusta lo que ven. La audacia que te hace crecer.


Cómo no reñir con tus palabras, que me dicen que vaya a buscarte, sin decir otra cosa. Qué esperar de las tristes hojas de otoño en el Retiro. Mientras los notarios mienten, y las luces enfrían el alma, el sol escancia el rocío que nos sobra.



Sudan las palmas de las manos. Se revienta el hueco que te he hecho. Naturalmente, la escalada hasta la mente se dedica a verter palabras de menta.
Y te vas, paseando como esta mañana, abrigada con tu olor a romero y lilas. Escapando de cualquier pregunta. Habiendo tomado una decisión desesperada.
Despacio, te vas. Al médico, al tinte, al trabajo, adonde sea... no importa. Pero te vas.
Dándome tiempo a encontrar el estricto y exacto instante para dar el primer paso.
Ese paso miedoso. Esa zancada decidida.

Dejando arenas de azucar blanco, terminando de mostrar tu vestido floreado. Recuperando el aliento, para decirme algo, lo que sea.
He encontrado tu rastro.

Huele a matices, a dudas, a desconfianza. Huele a historias podridas y llenas de tierra verde. Huele a seda que no es, a clavos oxidados. A café sin leche. Huele a trenes en suspenso, a huevos (los de arriba).
Sabe a discordias, a incredulidad, a nostalgia. Lleva el metálico sabor del desencuentro. Sabe a papel mojado por la lluvia.
Tiene la textura de la tinta china, de las sábanas nuevas, del borde de tu ropa interior.
Brilla como tu boca sonriente, como tus ojos de miel líquida.
Se oye como el silencio en tu ausencia. Tu ausencia es enorme porque es tuya. Te pertenece, y me corresponde. Tu ausencia pesa como un muerto.
La distancia se va acortando.
Acabo de encontrar tu rastro.

hipálage. Figura consistente en referir un complemento a una palabra distinta de aquella a la cual debería referirse lógicamente. Ej. ‘El público llenaba las ruidosas gradas.’ o ‘La cruel espada del guerrero.’

TROPOS LV - EXECRACIÓN

viernes, noviembre 9

3 murmullo(s)  





"Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto." (Julio Cortázar, Rayuela, Cap. 93)


Si no me dejás ir a buscarte, mal rayo me parta. Si de veras creés que esta no es la ocasión... que los cuervos picoteen mis ojos húmedos.
Porque mal podría hacer yo en decirte lo que siento, si no te esperase sentado en un vagón desierto en la madrugada. Si no creyese en mi propia piel, que se reseque y se caiga como la cáscara verde de las nueces.

Si no me dejás volar, dejaré de amar mis silencios. Si no puedo mostrarte mi esencia, ojalá me quede sin palabras.





Execración. El que habla se desea un mal grave a sí mismo. Ej: ‘Si eso sabía vuesa merced, replicó Sancho, ¡mal haya yo y toda mi parentela!’ (Cervantes) -

TROPOS LIII - EPÍMONE

lunes, noviembre 5

5 murmullo(s)  




No voy a llorar, llorar, llorarte. Sólo por hoy.



Te dejo ir despacio, despacio, muy despacio, deslizándote sobre aguas salobres. Esdrujulo las palabras, palabras, palabras deformes. Intento jugar con ellas, sobre tu piel.



Escribo con la punta del dedo humedecida, humedecida, humedecida de vos, caracteres rúnicos en tu espalda. Miro, y leo, leo, leo sólo un segundo... antes de que se borren en vos mis recuerdos mojados.

Y vuelvo a escribirte. Tatuajes impúdicos e irreverentes. Soliloquios efímeros. Carantoñas insulsas. Y vuelvo a intentarlo. Dibujos impetuosos y absorbentes.

Hay un beso que aún no pude darte. El único, único, único beso que estoy esperando, simplemente para saber si será el primero o el último.


Me desangro en desvelos, trifulcas unipersonales. Inconsistentes rimas, que no riman.

Ramilletes de olvidos, olvido haberte olvidado. Pero me acuerdo de tu hipnótica boca que deseo morder.


Voy a ir a buscarte.

Pero estás lejos. Lejos. Lejos.

Lejos.



epímone. (del gr., ‘insistir’) Retór. Figura que consiste en repetir sin intervalo una misma palabra para dar énfasis a lo que se dice, o en intercalar varias veces en una misma composición poética un mismo verso o una misma expresión.

TROPOS LII - EPIFONEMA

miércoles, octubre 31

4 murmullo(s)  




‘Este matiz que al cielo desafía, / iris listado de oro, nieve y grana / será escarmiento de la vida humana: / ¡Tanto se aprende en término de un día! / Estas que fueron pompa y alegría, / despertando al albor de la mañana, / a la tarde serán lástima vana / durmiendo en brazos de la noche fría.’ (Calderón)






La tierra oculta, dónde solo amanece si vos lo querés


¡¡Maldita distancia incordiante!!


Los labios rojos que dicen una sola palabra, y un beso de novela latinoamericana. Hoy hicimos planes sin decirnos casi nada.


Caprichosos e inconscientes. Horribles noches de espanto. Martilleantes calles que no me dicen nada más que las sílabas de tu nombre.



Puedo verte. ¡Verte! Aunque el asqueroso Sistema Central se interponga. Aunque Albacete y Cuenca se metan de por medio. A pesar de que el Tajo, el Guadiana y el Jarama vuelquen sus aguas-obstáculo. Aunque ahora mismo, todo el océano se dilate para separarnos.


Puedo percibirte.



Latir, escuchar, desear, crecer, hacerte mayor... esperar ese abrazo. Mientras el sol te quema lentamente la piel, y suspirás.


¡¡Pensamientos errantes y voces de insomnio!!


Miradas en diagonal, sonetos encontrados, frases de incógnito... de a poco y sin prisas. Y tremendamente apurados.



¡¡¡Envidiadas manos que te tocan!!!


Atardeceres, amaneceres, dichosos dedos que enjalbegan la membrana que separan tus nervios de mi boca. Estertores de espanto. Ráfagas de noches cruentas en un clima benigno.



Me muero por oir tu voz esta mañana... saber de tus latidos.




Mientras el sol se agita quitándose de encima las aguas del mar Caribe, comenzando el camino hacia la bahía a tus espaldas, proceloso viaje, me despellejo una vez más y me invento excusas para la distancia.




¡Borrascosa espera! Tremendos besos tormentosos. Tempestuosos delirios agitados. Palabras turbulentas, angustias inclementes. Riguroso deseo. Oscura desazón, tenebrosas nieves cotidianas.


Mientras enfilo la carretera tus pies se hunden en el río Isabela. Y en el único semáforo en rojo que me encuentro, me parece que cruza un motoconcho a todo gas, llevándote a alguna parte lejos del dolor.



¡Es la hora!



Epifonema: Es una reflexión viva o exclamación que brota de lo que se acaba de expresar.

TROPOS LI - EPANADIPLOSIS

lunes, octubre 29

1 murmullo(s)  





‘¡Tuya es la tierra, y la victoria es tuya!’ (Olmedo).

Campando a sus anchas, la suerte del entuerto, va campando.
Maldita espada de Damocles, con su empuñadura maldita.
Repulgo cada uno de tus bordes. Escaldo el aire que te rodea. Disparo una escaramuza contra el ruido de grillos que me causa tu presencia. Y contra tus defensas bajas, disparo.
Soy consciente de que soy.
Sos inconsciente, porque así sos.
Es fácil escribir tu nombre, cuando tu nombre es lo que es.
Rimbombantes escudos golpeados, volteretas elevadas que encierran más que las litúrgicas frases de siempre: "buen día" "hola" "que descanses". Palabras rimbombantes.
Cuando decís "cariño" nadie te cree. Porque hay cualquier cosa, menos cariño. Hay pocos porqués, muchos cómos y tal vez haya un "cuándo".
Estás liderando el penúltimo viaje. Y yo quiero dejarte ir.... porque será tan importante para mí como para vos saber que hay más allá de donde alcanza el horizonte. Vos estás.
Mientras vos viajás al futuro, de algún modo yo viajo a encontrarte, desechando los prontos y dejandome la puerta abierta, mientras.
El humo que sale de tu boca cuando decís mi nombre se parece a las formas que te dibujan y raptan tu olor; como cuando fumás sin pensar en mí, el humo.
A veces soy el viento que resquebraja las hojas de tu ventana, la que protege las plantas que te permitís tener, a veces.
¿Por qué es tan difícil tomar conciencia de mis propios actos? ¿Por qué?
No me ves, no. No podés encontrarme bajo las hojas marrones y laberínticas que uso para inventarme un otroño permanente, porque no me ves.
Y sin embargo te veo. Lucho contra los elementos desatados y detestados, desbocados y abocados. Encuentro tus manos crsipadas y frías, y tus labios secos, y tus ojos húmedos, y...
Lejos te veo, me calzo las botas de andar lejos.
Raquíticas conciencias, pasos polvorientos y grumosos. Un escalpelo de palabras rasga el blister que esconde tus deseos. Armado con mi verbo ataco a tu sustantiva mente, proponiendo insanos objetos directos y osadas preposiciones. Mis palabras delgadas, hambrientas, famélicas, raquíticas.
Sólo busco con un pronombre personal: vos. Y un adverbio de modo: pacientemente.
Solo.

Epanadiplosis: Figura que consiste en repetir al final de una cláusula o frase el mismo vocablo con que empieza.

TROPOS L - ENUMERACIÓN

jueves, octubre 25

20 murmullo(s)  






A Eva le gustaba estar morena

y se tumbaba cada tarde al sol,

nadie vio nunca una sirena

tan desnuda en un balcón


Sé de una Eva.


Una Eva que descarta soledades, deseos, persianas cerradas, fotocopias y panales de ausencia. Que se desnuda en un compás, y que levanta los bordes de su ropa verde, para mostrarme sus rodillas. Sus dolores, su escandalosa boca, el lunar de al lado de su ombligo, la marca dejada por la angustia.



La eva que liquida tempestades con una sola palabra, que malgasta su tiempo, sus besos, sus miradas dulces, sus pechos tiernos, sus esperas.



La eva que busca a su hijo, como quien busca un abrazo, que me mira desde la cama y no cierra los ojos, que lamenta no ser feliz en pos de la felicidad, que cree que puede sufrir aún más de lo sufrido.



Una eva distante, armoniosa, cercana, desestructurada, relampagueante, magnífica, prodigiosa, vigilante, marmórea, inquieta, sonriente, desgastada, luminosa, solitaria, vigilada, vigilante, seductora, seducida, sedante, inquietante.




Una eva tímida y exhuberante, espejada y única, elevada, emérita, elegante, estable, egoísta, estupenda.



Una eva mirífica, quimérica, exquisita, vasta, pequeña, emocionante, fastuosa, hechicera, sugestiva, nebulosa, fausta, gallarda, flamante, sublime, deliberadamente risueña.


Una eva silenciosa, suave, blanda, exquisita, ligera, sutil. Una eva que me diga que no, que desconfíe, que me haga callar, que me niegue tres veces, y me bese al final; que me redima, que me haga pensar.



Eva muelle, mullida, confortable, siempre entregada. Una eva que toma el sol con su copa de vino, que cruza la vida por los pasos cebra, con los semáforos en rojo. Una eva que llena ceniceros de angustia, y que apaga calefones a su paso. Una eva que se ducha con lágrimas, y se seca con besos. Una eva que muere cada noche un momento, para recordar cómo se vive.



Eva escándalo y silencio, pendencia y abrazo, tropel y unidad. Inquietud y momento. Una eva que sabe lo quiere, y que, algún día, irá a buscarlo.


Una eva que sepa. Que intuya.


Una eva que finalmente crea en mis palabras, que son las suyas.






Enumeración: Enuncia, en forma rápida y animada, las diversas partes de un todo o las ideas que se refieren a un mismo sujeto.

TROPOS XLIX - ENÁLAGE

martes, octubre 23

12 murmullo(s)  


Ayer encontraré el golpe que aún no me das.
Melancólicos dolores de estómago cuando me escandaliza de deseo tu voz ocupada. Tu pelo se esconderá bajo una gorra que te has puesto esta mañana.

Duele el amor vacío sin vos. Es posible haber deseado lo nunca sentido. Me querello con los monstruos deformes de tus negativas. Me escondí del futuro.
Rezongo contra el dolor de mis dedos causados por tu ausencia. Renuente a morir, me sacrifico como uno más, como aquellos que no saben como decirte las dos palabras que te he dicho al oído.
Incongruente espanto. Desangeladas voces irreverentes. Ausencia de tu voz, que es vos. Porque por ahora, lo mejor que tengo de vos son tus palabras esquivas. Un sonido iridiscente al que le puse olor a menta.
Porque tu piel debe ser sándalo y frambuesas; tu sexo jengibre y miel; tu boca limón y tabaco; tu pecho, láminas de chocolate amargo.
Mientras pateo el aire reblandecido de tu no estar, te sigo encontrando en los sueños, doy parte a mis alarmadas manos de tu esquiva actitud.
Y ellas no quisieron hacerse cargo de la noticia.
Esperas apócrifas, velo mis fingidas armas para derribar árboles ya caídos.
Sentado sobre el escabel de tu gran deseo, pretendo que seas mía. Por un rato, por lo que nos duren dos copas de vino, o dos peces de hielo en un whisky on the rocks. Elíptica espera. Tácitas verdades.
Hipotéticas palabras.
Nunca estuve tan seguro como mañana.

Porque mañana estuve feliz.
Sin que haya ninguna clase de objeción, presento mis refutaciones sobre las mantas de tu cama.

Me postulo a ser el próximo que desordene tus sábanas.

Sin fecha de caducidad. Sin otra prescripción que el fin de tu sonrisa. Quiero ponerle finiquito a tu tristeza. Darle clausura a tu dolor. Establecer el momento de expiración de cualquier padecimiento.

Y sin más, decretar la ruina de tu espera.

Sé que aún no me creés, que no sabés quien soy... y yo no sé quien sos. Pero ya llegará el momento en que pueda identificarte.

Entre todos los rostros que se cruzan.
Lo sabré. Como sabré al mirar tu ojos que te estaba esperando.

No busques más. No encuentres.

Consunción.


Enálage: (Del gr. ‘enallagé’, alter. de ‘enallasso’, pariente del lat. ‘alius’; ‘ajeno’.) Figura de dicción que consiste en el uso no estrictamente correcto desde el punto de vista gramatical de alguna parte de la oración; por ejemplo, en usar como adverbio un adjetivo, usar una concordancia de sentido pero no gramatical o usar una forma verbal por otra.
Foto: una más de mi amiga Julieta Magenta

TROPOS XLVIII - ELIPSIS

jueves, octubre 18

10 murmullo(s)  





‘Sangrientas son sus palabras / y su sonrisa fatal; / sangrienta, el agua que bebe; / sangriento, todo manjar’ (L. Lugones) -

Una abstrusa pasión, destando graves soliloquios. Ultradelgados dedos rascan el dolor. Agregan lentes deformes, y apuran el sabor de tu piel, la noche sosegada, las lentas palabras que balbuceo. Respeto tu falta de respeto, tu mirada baja. Siendo franco, la noche no es necesaria para escondernos a oscuras. Para desatarnos.

Mientras tus dedos carenan mis rodillas, para protegerlas del resto del universo extraigo el sabor de tus pechos infinitoss para quedármelo para siempre. Para repantigar tus dedos en la almohada.

Pasan los segundos, los nanominutos, las respiraciones. Y la conexión es rutilante. No hace falta imaginar las miradas, porque no llegaríamos a mirarnos. Chocamos, colisionamos, sin dejar de sentir.

Rehúso toda clase de otro pensamiento, plantearme nada. Sólo quiero dejarme llevar.

Mañana.

El salobre infiltrado cielo de tus codos. El ancho peso de tus clavículas. El deseo inesperadamente previsible. La noche insulsa se vuelve sabrosa. Pestilente. Se vuelve melosa, atacada de influidez.

Compatibilizando voces y bocas, manos y dedos, cuerpos y mentes.

Escarpias exóticas. Lazos de angustia. Espacios empotrados en carne. Fluyen las aguas y nada importa, nadie interesa. Esconden las particulares luces. Hay una alcantarilla donde desaguan mis intenciones, tus pechos. Está donde se unen tus piernas. Pero recorren un camino zigzagueante y curioso. Mencionan tu nombre a veces, y otras callan por ser lo más conveniente.

Calculo los milímetros que nos separan y no presiento otra cosa que un mantra enrevesado. Escuecen las carnes, la yema de los dedos. Estaciono mi mente por un rato.

Pero vuelve a ponerse en marcha, a reblandecer ese deseo que creía congelado. A esconder la minuciosa delgadez de la resistencia.

Hacemos planes. Juntos.

Mañana.

Mañana será otro día.


Elipsis. Es la omisión de palabras no necesarias para el sentido.
Imagen: De lo erótico, de mi amiga Julieta Magenta

TROPOS XLVI - DUBITACIÓN

lunes, octubre 1

42 murmullo(s)  


¿Con qué palabras contaré esta tan espantosa hazaña, o con qué razones la haré creíble a los siglos venideros?’ (Miguel de Cervantes Saavedra)

¿Podré decirte todo lo que siento, o deberé esperar hasta mirarte a los ojos?

¿El escorpión de tu mirada sabrá inocularme su veneno, o deberé resignarme y morir?

¿Cambiaré de algún modo la línea de tu vida cuando pase la yema de mis dedos por la palma de tu mano por primera vez?

¿Las luces de la costa dejarán de tener la forma de tus ojos?

¿Sabré mostrarte una sonrisa cómplice, darte el beso adecuado, morderte en el lugar exacto, descubrir tu piel de limón?

¿Si te sirvo la primera copa... no será la última?

¿Podré quitarte con arte ese vestido marrón, o el que se tercie?

¿Podré hacerte reír como te gusta o te aburriré sin piedad?

¿Sabré hacerte comprender que todo lo que digo es cierto, o vas a vivir temiendo a una nueva mentira?

¿Cómo podré vigilar tu primera lágrima cuando me cuentes tus dolores y tus angustias? ¿Haré bien si me la bebo de un trago?

¿Quién dará el primer paso en nuestro encuentro? ¿Cómo podré hacerte explicar que "amigos" es una voz que repetís pero no quiero oír?

Con qué verbos actuaré, con qué sinónimos te convenceré, con qué adjetivos podré describirte?

¿Sabré decirte, sin que suene a venganza, con mi piel, con mis suspiros, con mi boca, con mis ojos que yo puedo ser mejor qué el y vos mejor que nadie?

¿Podré convencerte de que ese deseo que te corroe y te acalora, que pone del revés, eso que tanto esperás y añorás... eso que te mata de impaciencia, está a la vuelta de una esquina?

¿Podré enseñarte de un modo veraz y silencioso que también es mi deseo?

¿Sabré esperar hasta tocarte?

¿Es todo esto el comienzo de algo... o todas estas palabras son historia?


Dubitación. Simula estar indeciso acerca de lo que debe decir o hacer.
Foto: Atardecer en Túnez, agosto de 2004. Absolutamente impensada.

TROPS XLV - DISYUNCIÓN

sábado, septiembre 29

13 murmullo(s)  


Me despierto apesadumbrado, implorando semblanzas. Una marmita bulle entre tus silencios y los míos. Babel explota con jabón edulcorado. Un zigzag de luces imita ciertos besos escondidos.

Te busco.

Te arde el sol en la piel helada. Mancilla la noche el olvido. Necesita el soldado caminar bajo la lluvia. Moles y coles auspician su muerte. Soles y roles de reparto escancian la baba de la montaña.

Te busco.

Calcina mariposas de estaño. Un franco deforme gol redunda en pastiz. Lamen la alborada los eunucos. Y mientras tanto...

Te busco.

Abro una puerta más. Cruje el metal de una angustia acompasada. Las persianas del monte se relajan. Se resigna el silencio. El hábito del cura no es el habitual. Esprinta el cojo suspiro de la luna bajo el lago.

Igualmente te busco.

El hueco de un fantástico arcabuz de ladrillos me muestra los restos de tu deseo. Sé que te aburro a veces... y que otras te soy indispensable. La hierba crece ruidosamente. El espanto tiene la forma de una nube de algodón. Late un susurro.

Porque te busco.

Perfora la clase magistral de ausencias. Incide la mirada marrón sobre tu boca giocondina. Me hartan las burbujas de tus besos. Estallan las bolsas llenas de semillas. Me duelen las puntas de los dedos tiesos. Me río, una sóla vez.

Y sin embargo te busco.

Alumbra tu cabello suelto, y el vestido ése que te pusiste para esa boda de gente a la que no conozco y tal vez nunca conoceré. Relincho suspiros y te (mal) digo los piropos apropiados para proponerte procacidades. Me escondo de tus ganas de ser algo más que una mujer.

Y por eso, aunque tenga pocas esperanzas.... te busco. Hasta en los lugares donde soy consciente no estarás.

Te busco.

Incluso en los cementerios abandonados del dolor.



Disyunción. f. (del lat., ‘desunión’) Retór. Figura que consiste en que cada oración lleve todas sus partes necesarias, sin que necesite valerse para su perfecto sentido de ninguna de las otras oraciones que preceden o siguen. (RAE) -

TROPOS XLIV - DIALOGISMO

martes, septiembre 25

13 murmullo(s)  


En las almohadas siempre se marca un hueco, una huella, se quedan cabellos y olores... dice él.

Y ella piensa en qué clase de rastro podría dejar en una simple almohada donde nunca estuvo.

Un cabello rojizo que enmudece de espanto al ser descubierto. Y la almohada diciendo: quedate donde estás. No te muevas, que él querrá verte.

El cabello pregunta: ¿quién querrá verme?

Y la almohada le explica de las ganas de él de encontrar su olor, sus huellas casi inencontrables.

Y dice: das voces con tu presencia, llamás la atención con tu color fulgurante y malicioso. Seguro que te recogerá, y te pondrá sobre la mesa de noche... Y cuando se acueste te mirará, verá las caleidoscópicas briznas de luz que te invadan. Y sonreirá, apenas.

El cabello replica: ¿cómo puede un humilde cabello como yo causar alguna clase de emoción?

A lo que la almohada dice: Tal vez no en tu estado capilar. Pero seguro que su recuerdo, el de ella, el recuerdo de algo que aún no fue, podrá causarla.

El cabello se agita sobre la almohada, y sabe que viene de dentro de su piel. Que pertenecía a ella, la que es acariciada, y se ha mezclado con sus dedos.

Culmina la charla diciendo: me quedo quieto, no faltará mucho para que me encuentre.

La almohada sonríe como sólo lo hacen las almohadas. De un modo misterioso y caótico. Y sabe que ella será el centro de atención. Sobre ella descansó la cabeza que ostentaba el cabello rojizo, caleidoscópico, aromático.

Al menos en sus sueños.

Hoy no llueve. Pero para él está nublado.


dialogismo. Hace hablar a personas o cosas presentes o ausentes. No debe confundirse con el simple diálogo.

TROPOS XLIII - DEFINICIÓN

viernes, septiembre 21

11 murmullo(s)  



Vos sos tu voz, el mi bemol de tu hola, el re sostenido de tu adiós. La más indigna de tus respuestas.

Porque no sé si puedo merecer que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Vos sos pan tibio, el rumor de la tela de las sábanas deslizándose, el fugaz reflejo en mi espejo empañado.

Vos, sos una escapada a la ciudad, y las ganas de tomar unas cañas. Sos carne de mis dedos., que se escapa humedecida.

Vos.

Sos botones quitados con prisas, sos tu perfume escondido bajo el pliegue de mis rodillas.

Sos la infinita demora de los semáforos, la horrorosa voz de los trenes que se van, la patética espera del vacío. Los doce segundos que me regalás la piel, antes de quitármela. Como un faro que no volverá a alumbrar.

Vos, sos un número garrapateado en el vidrio helado del amanecer, el humo de mi boca que moja tus bordes. Sos el sosegado encuentro entre mis yemas y tus claras perversiones.

Sos la lucha clamorosa entre mis gemebundas palabras y tus consistentes hechos.

Vos, sos el adiós apresurado, y las valientes maniobras de conquista de tu boca. Sos la jaula que me enseña que puedo ser libre y estar encerrado a la vez.

Sos tus ideas. Tu conocimiento. Mi responsabilidad. Tu historia, que quiero que me cuentes mientras cenamos. Sos la locura que se queda quieta al escuchar tu risa. Sos tus ojos y el ocaso. Sos un haiku apresurado que lleva milenios en sus sílabas.

Sos la alternativa al dolor.

Vos... sos todo eso, y millones de infinitas galaxias esponjosas.

Y sin embargo, si quiero definirte, no tengo palabras.

Definición. Expone los caracteres de una persona o cosa, no con rigor filosófico, sino de acuerdo con la impresión producida en el que escribe.

TROPOS XLII - CRONOGRAFÍA

viernes, agosto 24

29 murmullo(s)  


Parece que fuera en un tiempo lejano. Personas encapuchadas y soles espurios viajaban en el mismo tren. Dormí en un lugar donde no quería. Hacía frío, sobre todo a falta de tu cuerpo.

Llovía. La gente escapaba de la noche infinita. Hacía calor en las ingles.

Oscuros vehículos de frías luces manchaban la noche y pisaban sin piedad aquello que llamabas Atocha. Se veían pequeños ojos dentro, y otras luces seculares y maliciosas. Pregunté qué eran. Alguien me dijo, con el cabello mojado, que poseían unos dispositivos para escuchar sonidos. Lo llamaban radio. Sentí que ya sabia acerca de esto.

Los vehículos pasaban sin detenerse. Hacían sonar extrañas señales. Los llamaste bocinas.

El corazón se me mojó con la lluvia. Probablemente fuera el agua de tu pelo. Comimos mojama en un lugar extraño (lo llamaste bar), la humedecimos con una especie de vino blanco que llamamos manzanilla. Yo no comprendía nada, inmerso en otro tiempo, en otro milagro.

Bajamos por las calles. Me dolía la espalda, y corría al cruzar la Gran Vía, aunque no había rieles a la vista. Las manos que buscaba estaban lejos. Seguía lloviendo.

Llegamos a una construcción extraña, cuadrada y combada a la vez... había estructuras alrededor... sólo dijiste... "están de obras". Me invitaste a una bebida espumosa y oscura. La llamaste Cococolo, o algo así.

Te echaste en un mueble cómodo, sin aristas, que se desarmaba en confortables trozos. Era interesante ver una especie de lecho, del cual te podías llevar partes para usarlas en otro lado.

Llamaste a esas partes "cojines". Y a lecho, algo así como sofá.

Me dejaste besarte. Pero tus besos no sabían a nada más que a fiebre. Dormimos en un lugar elevado, y en algún momento de la noche me dejaste acariciarte.

Al amanecer salí al exterior, y no comprendí un mundo que no podía ver. Una efímera brisa me trajo olores extraños, como a quemados. No era madera. Di una vuelta a ese bloque de edificios. Sentía que estaba fuera de mí, de mi alma. Por alguna razón sentía que este momento era decisivo. El primer rato del primer día del resto de mi vida.

Al volver, me quité el hambre con unas extrañas masas fritas a las que llamamos churros. Yo ya estaba en otro lugar, en otro tiempo.

Me excusé y me fui. Vos dormías afiebrada.

Cuando salí de tu casa, me di cuenta de que todo era una somera ilusión. Que esa lluviosa noche de noviembre no existía más que en mi memoria.

Volví a mi tiempo, a mis olores, a mis deseos.

Entonces me tomé un taxi, y me fui a verte.



Cronografía. Pinta algún tiempo o época
Foto: Gran Vía. Sí, ésa.

TROPOS XLI - CORRECCIÓN

martes, agosto 21

11 murmullo(s)  


No es que haya vuelto, sino que estaba escondido. No es verdad que las heridas te desangran, sino que te ayudan a purgar el dolor.

Es inexacta la idea que expresás cada vez que cierro los ojos. Es que es justo lo que yo no quiero oír.

Siendo como soy, un ser de piel y de carne, de uñas y sudor, no es real todo lo que digo, pero sí es real todo lo que siento.

No es que siga buscando, es que me estoy encontrando. No es que me mueva en el espacio, por fin me muevo en el tiempo.

Dudá si lo que digo es claro, pero no dudes de que es genuino.

No son ciertas las luces del amanecer, sino la particular idea de que quiero (y puedo) verte.

No es de verdad la lluvia, pero sí mi silencio cuando encuentro tu piel.

La verdad es que no quiero irme, pero me muero de ganas de estar con vos.

Ahora.

No estoy encerrado dentro de mi propia voz, pero sí cautivo del dolor que no tiene respuesta.

No es que quiera limpiar mi nombre, pero sí elijo creer en mí, oír los latidos del temor de ya no ser, establecer una ley universal que prohíba ser peor de lo que se es, redundarse, refundirse, rearmarse, levantarse, erigirse. Elaborar las mejores palabras para construirme de afuera hacia adentro.

Y, una vez esté completo, simplemente abrazarte. Quedarme quieto y oírte latir, respirar, gemir de un modo ilustrado.

Sin reproches.

No es que no quiera ir a buscarte, es que perdí el camino de regreso.




Corrección (o epanortosis): Confiesa no haber expresado bien lo anterior y lo rectifica. Ejs. ‘Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas; y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar.’ (Cervantes)

TROPOS XL - CONMINACIÓN

lunes, agosto 20

4 murmullo(s)  


"Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón" (Andrés Calamaro)

El que no entendiere las palabras de una voz desangelada sufrirá el agravio de ser olvidado. Aquél que mancillase el nombre de los que gritan en la montaña, sufrirá el oprobio de perder la voz.


Porque, ¿qué sería de nosotros sin nosotros...? Uno que no entiende las voces del mar no es uno más.... es alguien que busca, en los pliegues de una piel celosa y gris, un minuto de calma.

Porque aún no puedo olvidar, me esfuerzo en recordar lo poco que me queda. Porque si olvidase perdería el rumbo. Si no siguiese buscando escondería a mis ojos la sonrisa por movimiento secular.

Quien perdiese el rumbo del Haz olvida el rostro de su padre. Quien llorase por aquello que no merecía tener (ni perder) será castigado con más deterioro y olvido.

Dicen los que saben que en Flores hay una fuente de la vejez. Una fuente de la que nadie puede evitar beber porque tarde o temprano habrá sed. Y los que beben (o sea todos) están condenados a envejecer, arrugarse, achicarse y morir algún día.

Por eso miro la luna una vez más. Y compro la noche con monedas ajenas y gastadas. Ella no quiere más.

Aquellos quienes crean que traducir es traicionar comprenderán el dolor de no saber las palabras exactas para decir el deseo. Porque desear es fácil, pero si uno no sabe expresar ese deseo, alto y claro, muy probablemente sucumba ante él sin poder saciarlo. Caprichos de ser occidental, el deseo solo existe en tanto su saciedad, no en tanto su supresión.

Dejémosle eso a quien usan el ying y el yang, como voces en la niebla.

Si quiero esconderme de vos, seré castigado. Si me muestro a vos, seré castigado. Si me quedo quieto, seré castigado.

Madrugada de punición que sólo desaparece con la luna roja que me muestra el faro de una voz que aún no reconozco, pero que asumo mejor que las que la precedieron.

Porque a aquellos que no sepan decir tu nombre, les esperan plagas ostentosas, sanciones insoportables, escarmientos dolorosos, condenas infinitas, penalidades azules, correctivos impetuosos, hasta la completa expiación de los pecados interminables.

Mientras tanto, te carezco. Me lo tengo merecido.


Conminación. Amenaza con desgracias o daños pavorosos. Ej. ‘El que cerrare la oreja, y disimulare a la voz del pobre, dará clamores, y demandará, y no será escuchado.’ (Proverbios).

TROPOS XXXIX - POLISÍNDETON

sábado, agosto 18

9 murmullo(s)  


Y podría haberme cosido las heridas para dejar de sangrar. Pero no pude, necesité dejar fluir el dolor, y cantar una canción triste y desafinada, y entroncar tus deseos con mis penurias; y despojarme de mis ropas de arpillera para desnudar el pecho a tus balas.

Y la maldita estampa del compromiso se inclina sobre mi cabeza para hacerme pensar en lo que te extraño, y en lo que debería ser, y en lo que fue, y en lo que quiso ser, y en lo que podría haber sido, y en lo que será, y en lo que podemos hacer para que sea.

Y el estúpido sol que se empeña en arruinarme el día de lluvia, y las nuevas voces que vienen a decirme "hola", y me hacen un poquitito más feliz, y me hacen pensar que no soy el portentoso idiota que dicen que soy.

Y las flores que me llaman por la tarde, para darme noticias que ya sabía, y para escucharme latir, simplemente, y reniegan de lo que soy, de mi cáscara infame y requemada, y me tienden una mano morena y ardiente, y me dicen que aún hay Esperanzas. Y me enseñan que se puede amar lo dañado, que no hay otra razón para amar que que estés herido.

Y las vírgenes que bajan a la plaza a tomar mate conmigo, y al fin y al cabo se asustan y desaparecen. Y yo me quedo preguntando si deberé ir al Vaticano a anunciar una "des-aparición" de la Virgen.

O las heladeras que arrancan y me asustan, o el café que se enfría lentamente, o el hambre que me atenaza cada mañana, o el error que acabo de cometer, o el que cometeré, o el que estoy cometiendo.

Todo es una conjunción rutilante, y una alargada sombra pesada. Y un efímero viento que me arremolina el pelo, y un esponjoso aire que me envuelve, y un estrafalario y peligroso cuento que aún no he leído.

Y tus besos saben a moras, aunque ya no me acuerdo como eran; y tu lengua sabe a pistacho, y tus pezones a furia, y tu espalda a higos de Esmirna, y tu cuello tiene gusto a frambuesas, y tus rodillas a incienso, y tus muslos a pimienta; y tu sexo a jengibre.

Y la pregunta se dispara: ¿debo volver a pretender mirarte?

O debería desaparecer para saber quien soy; o podría esconderme de mí; o lamerme mis heridas al costado de la ruta, o decirte lo que me pasa, cuándo me pasa, y dónde me pasa.

Re-descubro, y todas son cartas trucadas. Las pegajosas que yo he jugado, y las resbalosas que jugás vos a cada rato; y las misteriosas del señor que nos tiende una mano y nos desconcierta; y las delicadas del amigo que nos invita a una caña, y la grasienta del mecánico que nos arregló el auto.

Y te encuentro, y te pierdo, como el faro de Jorge que no para de girar cada doce segundos. Y suena Bajofondo, para hacerme llorar dos muertes anunciadas.

La mía y la de mis silencios.


Polisíndeton (o Conjunción) Es un pleonasmo en el que se repiten las conjunciones. ‘Y el Santo de Israel abrió su mano, / y los dejó, y cayó en despeñadero / el carro y el caballo y caballero’ (Fernando de Herrera).

TROPOS XXXVIII - CONCATENACIÓN

jueves, julio 19

2 murmullo(s)  


‘Ten cuidado con el crimen, / el crimen de tu beldad’ (Leopoldo Lugones)

¿Qué es lo que tengo? Tengo la luz que me ilumina. Ilumina el espacio entre mi cama y la calle que me aterra. Aterra la noche destartalada que se va, pero aún sigue incordiando. Incordiando el sonido de mis pisadas, y el dolor de ya no ser.

No ser nada. Eso lo tengo claro. Claro amanecer desconchado que se desploma en el primer mate. Mate después del jaque a la realidad de mi tortura milagrosa, que no me hace desfallecer. Desfallecer entre las piernas de nadie, escuchando la voz de nadie, despertando bajo el aliento de nadie.

Nadie quiso levantarme, ahí quedé sobre el polvo y los trozos de cristal. Cristal en cuadraditos pretenciosos que de todas maneras lastimaban mi orgullo.

Orgullo de no ser nada más que un segundo de tiempo. Un grano de arena en una constelación. Constelación de horribles muertes en la que no dejamos de respirar.

Respirar hasta el ahogo. Sobrevivir hasta la agonía. Continuar hasta...

Hasta que, mientras dormía sin dormir, y me despertaba sin querer levantarme, comenzaste a lamerme los dedos del pie, como un san bernardo en verano. Verano de corrupción, de muerte y resurrección, de martilleante desesperación y...

Y te sentaste mirándome con esos ojos hermosos y horribles a la vez, con el color de mi vida hoy; que es una mierda..,. porque estoy y no estoy.

No estoy solo. Te tengo... aunque me llenes de pelitos blancos el traje negro, y aunque des tantas vueltas para dormirte que hagas la noche eterna.

Eterna Calista... no estoy solo.

Concatenación (Repetición): Figura que consiste en repetir de propósito palabras o conceptos.

TROPOS XXXVII - COMPLEXIÓN

miércoles, julio 4

26 murmullo(s)  





Para creer que está acabado hay que estar seguro de que no te queda...
...nada.
Para escandalizarse por el dolor hay que abrir las huellas del deseo y perderse en ellas aunque ese deseo no termine en...
...nada.
Para ver lo que uno no sabe, es necesario quedarse desnudo de caricias, solo entre tontos, comprender que no tenemos
...nada.
Para facilitar un dolor infinito, hace falta mirar dentro de uno, y darse cuenta de que a veces, solo a veces no hay...
...nada.
Para decir tu nombre una y otra vez y atisbar en el silencio del amanecer, y no oír...
...nada.
Para que yo sea tu adversario debo leer tu boca, tus ojos y y comprender que de todo eso no me pertenece...
...Nada.
Para recibir un "no me sirve" por respuesta, y lamer la sal de tu piel libre y encadenada a la distancia, debo entender que no hay otra magnitud del deseo más que...
...nada.
Para sentirte lejos y cerca a la vez, para escamar la noche y explotar un solo abrazo, que sea todo y...
...nada.
Para que recorras con tus uñas mi piel enferma de esperas, y ese rasgar dibuje un camino nuevo por donde pueda rastrear esos besos que saben a...
...nada.
Para que tu teléfono suene, y las letras que forman mis palabras amontonadas se mezclen con las tuyas, y se cambien de lugar, y que ahí no haya...
...nada
¿Para qué este dolor? para...
...nada.




COMPLEXIÓN: Figura retórica que consiste en repetir la palabra primera y la última en varias oraciones o periodos consecutivos.

TROPOS XXXVI - CIRCUNLOCUCIÓN

lunes, julio 2

13 murmullo(s)  




El verdadero milagro de la vida no es encontrarse con uno mismo, que después de todo no es más que una paradoja de quinta... Lo importante es encontrarse con alguien. Esos efímeros puentes que dentro de este mundo de islas algunos suelen tender; efímeros porque duran muy poco y hechos quizas de la misma materia de la que están hechos los sueños. Por ahí, cada tanto, en esa horrenda soledad que es la vida, uno liga un puente. Un puente que se puede tejer con un cariño o con un amor; quiere decir que en este mundo donde todas las citas son fallidas, o casi todas las citas son fallidas, en donde casi todo consiste en ir a esquinas donde nadie acude, en donde casi todos los encuentros fallan. Mi vida es ir a buscar y no encontrar, y es así... Salvo alguna que otra vez, como flechas luminosas en la noche, en que uno va a una esquina y hay alguien, bueno... yo creo que eso merece festejarse y festejarlocon dignidad, y hacer digno ese pequeño puentecito que se ha tendido.
(Alejandro Dolina)

¿Cómo puedo decírtelo?
¿Cómo puedo hacerte saber que nada es igual, que las poderosas luces del amanecer no son lo mismo, ni sin vos; ni con vos.
Que de algún modo, un interruptor cósmico me quitó la claridad; o me la dio. Que cuando me pongo verde, vos estás gris; y viceversa. Que trasnochar ya no te hace la ilusión de antes.
Que mi imagen ya no es la misma en tu piel; y en tu boca ya no hay ganas de besos. Como antes, como podía percibirlos.
Un palíndromo mortal dio vuelta tus ganas, y con ellas las mías. Porque esto que hemos inventado desde cero, desde las más increíbles coincidencias, requiere parejez en el yugo. Requiere que ambos tiremos a la par, con más o menos la misma fuerza. Porque si uno de los dos tira más, o simplemente deja de tirar, todo empieza a moverse en círculos.
Y la única ocasión donde el círculo deja de ser perfecto es cuando nos movemos.
Y claro, claro que me muero por tu sonrisa económica, y al mismo tiempo dilapidadora. Por supuesto que me duele no haberte besado al menos una vez en esa boca escandalosa. Naturalmente que seguiré soñando con tu ombligo, con tus muslos fríos, con tu pecho tibio. Con tu cuello.
Pero, reconozcámoslo. Ya no te importo. Ya no te ponés ansiosa si no me ves. Precisamente porque ya me viste. Porque sabés que en el fondo todos somos cáscara y escarcha. Que podrás encontrar una unión estelar con mi voz, y mi cerebro. Pero lamentablemente para mí no vas a querer desnudarme.
No insistas, no me duele tanto como parece. Es como un diente roto. Aunque no quiera uno, la punta de la lengua va ahí una y otra vez, no sé si con la esperanza de una reparación milagrosa, o con el sinsabor del daño causado.
O como una herida purulenta, caliente y escabrosa. Ahí está el veneno. Sabemos que va a estallar en cualquier momento, pero sin embargo seguimos cuidándola con paños tibios y espadol.
Respiro hondo, cierro los ojos, escucho tu voz diciéndome "hola", y por una cuerda diferente, por un tono especial, por ser una octava más alta, me doy cuenta de que ya no es lo mismo. Sigo percibiendote.
Al menos esa magia me es útil para darme cuenta de lo malo tanto como de lo bueno, de las disidencias tanto como de las coincidencias.
Estuve ahi, no me llamaste. Nos dormimos cuando habíamos pensado en velar las armas del deseo. Ni una señal, más que llamadas perdidas que no podía atender, por el dolor.
¿Cómo puedo contártelo?
Decirte que de repente la vida nos muestra un camino alternativo, lleno de zarzas, que pese a todo sigue siendo el mejor. No hablo de un atajo. Hablo de un camino de verdad. Un camino que no lleva a vos. Un verdadero Haz, que me muestra a lo lejos, pequeña pero nítida, la Torre Oscura de la que hablamos.
¿Cómo puedo decirte?
¿Cómo puedo hacerte saber que me parece que...
...es un adiós?

Y no sabés las ganas que tengo de que me demuestres que me equivoco.




circunlocución. f. Retór. Figura que consiste en expresar por medio de un rodeo de palabras algo que hubiera podido decirse con menos o con una sola, pero no tan bella, enérgica o hábilmente.