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SENTIDOS SENTIDOS V - EL OÍDO

martes, enero 23

14 murmullo(s)  


Intento escucharte.
Trato de comprender tus razones. Tus miedos. Tus esperanzas, tus angustias.
Trato de saber cómo suenan tus besos. Qué insigne color y tonalidad regalan tus caricias en el amanecer.
No he podido.
Suena en mí la campana del final. El gong que no nos salva. La llamada a una misa a la que no puedo asistir. No entro entre tus prioridades.
¿Cómo se puede no tener más nada, cuando tu voz fue alimentando cada latido, cuando el sonido incandescente de tus palabras me ayudaba a seguir adelante?
¿Cómo se puede oir mis pasos sin los tuyos al lado, marcando el ritmo?
Y mi cabeza, escucha: el (real) sonido de la maquinilla afeitando mi cara, y el (imaginario) sonido de tu boca besando mi sien; el (real) sonido del motor de mi coche llevándome a casa, y el (imaginario) sonido de tu voz acompañándome con una charla liviana.
Ya no me queda nada más. Ni la noche esperada, ni la fiesta de guardar. No oigo más que luces que se apagan. No escucho más que flippers diciendo Game Over.
Se ha muerto un espejo. Tapémoslo.
Alguien se ha enamorado. Escondámoslo.
Se ha circuncidado un sueño. Dejémoslo sangrar.
Se ha perdido un niño. Oigámoslo gritar.
Y yo acá, escuchando la lluvia que me cala intentando comprender.
En mi mente, sigo esperando tu hola. O al menos un digno adios.
Sonidos que sé que no vas a emitir. Hasta que sepas que todas y cada una de mis palabras son ciertas. O hasta que cambies tu estilo de hacer las cosas.
O hasta que quieras escuchar el silencio de mi espera.
Porque sigo aquí. Y nada podrá impedirlo.
Foto: Dos pares de pasos (¿o es uno solo?), Marruecos, un luminoso día de enero de 2007
para leer el positivo (más vigente que nunca): http://aequis.blogspot.com/2006/10/sonidos.html

SENTIDOS SENTIDOS IV: EL GUSTO

martes, enero 16

34 murmullo(s)  


Sabe a chocolate.
No lo he probado aún, pero tu cuerpo sabe a chocolate. Seguro. Una textura empalagosa y adictiva... un deseo agnóstico. Un placer que te hace olvidar a Dios por un rato.
Me dan ganas de morderte. Arrastrar tu carne hacia mis fauces y comprender al fin de qué pasta estas hecha.
Tus besos hechos de sombra no logran saciarme nunca; y al mismo tiempo son tan esponjosos y lúgubres que no puedo hacer otra cosa que devorarlos.
Tus manos que amasan la noche para que sea suave para mi espera estuvieron dando forma a este destino. Mis dedos que no saben sino escribir una y mil recetas para comer/nos están deseosos de aplastar tu piel con suavidad.
Deseo devorarte. Darte de comer el corazón y la mente. Escudriñar los cortes más tiernos, y dártelos a vos en bandeja. Ansío que me comas. He sido creado para eso.
Aspiro a un poco más que una cata. Deseo una opípara sesión de besos y caricias. Una insaciable noche de miradas caóticas. Un colocón de mordiscos. Un encuentro culinario en toda regla.
De primero, la sangre en un cuenco, gazpacho cruel y escabroso para despertar todos tus sentidos.
De segundo, croquetas de tu pecho y el mío, revuelto de pieles, tarta de deseos.
De postre, tu cuerpo de chocolate, íntegro, sabroso y magnífico. Tu boca roja y la mía para el puro y un chupito de tu espalda arqueada. Que beberé en tu ombligo.
Regado con tu sudor, que perla la piel y realza mis sentidos.
Estuve buscando por los zocos y los mercados más exóticos especias para este gran plato de haute cuisine. Palpé y olí un buen rato cada hierba, cada matiz, cada sensación.
Tu cabello de apio, tu boca de frambuesa, tu nariz de foie, tu vientre de carne, tus brazos de lluvia, tu piel de limón, tu cuello salado, tus dedos de olivas, tu lengua de angustia, tu sexo de jengibre. Todo equilibradamenbte combinado para producir el efecto más espectacular. Un plato desectructurado y otra vez núbil. Para mí, para vos, para el estreno de nuestros cinco tenedores
Estuve cocinando este plato a fuego lento, con paciencia, con esmero. Deteniéndome a probar, sólo un poco para ver como iba de sal o si estaba muy picante. No quise aliñarlo. Quise que tuviera el sabor a encuentro, a coincidencias postergadas, a nervios, a piel crocante y huesos. Que conservara el bouquet de las cosas buenas.
Me encanta cocinar para vos.
Pero una vez está la mesa puesta, la servilleta en mi falda, el vino escanciado y oxigenado, los cubiertos a punto, mis manos crispadas, mi boca húmeda de deseo para al fin comerte en esta noche de viernes...
...mi cena vuelve a desaparecer.
Y tengo hambre de vos.
Pero sigo esperando con los cubiertos aferrados firmemente con mis manos.
Foto: vaquita con faro de fondo. Cabo Polonio, Uruguay.

SENTIDOS SENTIDOS III - LA VISTA

viernes, enero 12

18 murmullo(s)  



Me ves. Me mirás, muy de cerca me mirás. Como nadie me ha visto.


Las manos. Con "m", manos. Unidas. Juntas. Yuxtapuestas. En triángulos.

Que se tocan y se ven. Me ves.

Rozan, perciben, sienten. Se ven. En pequeño.

Poco. Poquito. Intenso. Más sutil. Cuasi perfecto. Pluscuamperfecto.

A veces te llamo "de usted". Y a usted le haría el amor.

Unico amor. Primera. Vez.

Acá.
Acá estoy.

Fiel. Con piel. Y tus ojos (sus ojos), de ámbares incrustados.
Por las mañanas suelo sentirme muy vulnerable. Pero vos me mirás, a tu modo.

Y estamos.
Unidos.
Separados.
Pero no aislados.

Estás dentro de mí. Hoy. Estás acá.


A pesar de tus dudas. De tus insomnios/sueños galopantes. De tus no-ganas. De tus ganas. De tus escalofríos hormonales.

Adentro.

Tonto.
Tonto me siento cuando me doy cuenta de que no es eso exactamente lo que pasa cuando me mirás. Cuando sé que me ves.

The moon is low tonight. I am in your possession. Me mirás y soy tuyo. Plenamente.

Y quiero llevarte a alguna parte. A vos y a tus ojos.


Deslizarte en tu deseo prodigioso. Extender el dolor del ansia como una vela henchida.
Dejarse empujar por ese viento; y comenzar a mecerse, escorar y volver.

Ordenar a los galeotes que empujan en mi interior, justo detrás del esternón, que no cejen en su esfuerzo de remar. Que sacudan mi navío contracorriente, contrapelo, contraduda.


Mojarme con la lluvia tropical que es tu mirada. Calarme hasta los huesos de tus miradas. Quitarme el uniforme de marinerito abnegado y pensar que estás en alta mar pidiéndome rescate. Y arrojarme.


Aunque en realidad quien me rescata sos vos. Con tus ojos, con tu único ojo que a veces se me aparece cuando querés decirme algo. Ese ojo que espero ver pronto frente a los míos.


Y no puedo olvidar cuando en aquel sueño lluvioso de sábado, tomaste mi cara con tus manos para verme. Y creo, que al fin... despues de muchos años alguien logró ver el fondo del abismo. Lo que está escrito en el mohoso, atrevido, fangoso y verde fondo de mis ojos.


Y creo que te gusta lo que ves.


Entonces me pongo otra vez en cubierta e izo el foque y la cangrejo. La verga y la mayor. Y el viento de tus besos regresa al unísono. Y volvés a mirarme.

Y seguir navegando. hacia vos. Hundiendo el ancla donde me pidas.


Que me lo pidas. Lo que me pidas.

No detener el derrotero. Hasta que menos lo imagines.


Cuando la tormenta estalle desde tu popa hasta tu proa. Y la mar se vuelva calma.

Recomienza el sueño.


Yo recalo en tu bahía. Me quito las zapatillas y las arrojo bien lejos. Vos mirás como lo hago. Hundo los pies empapados en tu arena blanca y mi boca en tu sexo de jengibre. Y seguís mirando.


Me mirás.

Y te deseo.


Ciegamente.


Foto: zapatillas descartadas, La Marina, Baix Segura, Alicante.

SENTIDOS SENTIDOS II - EL OLFATO

jueves, enero 4

22 murmullo(s)  

Es extraño, con los ojos cerrados podés encontrarme.

Tengo el perfume que te gusta. Y es otra casualidad.

Tu nariz se acerca a la mía. Y mi lengua huele a la tuya, y me decís que huelo a tierra mojada después de la lluvia.

Y mis ojos huelen al desodorante de tu coche, un espacio que no sé si soñé o no. Y los semáforos huelen a frambuesas, limón y olivas. Y a besos desesperados de una luz de duración. Que duran en mi mente un año, luz.

Y tu boca se aprende de memoria la mía.

Cada mañana, desde hace unos días la distancia tiene la esencia de la noche que no pudimos comenzar nunca. El bálsamo infinito de la luz que despierta cada vez que me mirás.

Sé que huelo a sudor y a sombra. Sé que huelo a cigarrillos rancios y a nostalgia. Tu boca me besa y huelo a vos. Tu piel esconde la concentración de cada palabra balbuceada entre hocicos húmedos y presuntuosidades.

Y aunque sólo sos una foto, o la pequeña estrella que late a mi regreso cada noche, la bendita luna que se asoma a cientos de kilómetros, sé que cada mota de polvo huele a mí, porque huele a vos.

Huelo a luna en la sierra, a tierra de los caminos, a arena de los médanos, a piel húmeda de lluvia. A vino tinto, a foie...

Y cada vez que me siento bien, que elijo seguir viviendo... que recobro el rumbo, una leve brisa llega a vos.

Lo sé.

Un aroma que te invade.

Huele. A vos.
Huelo. A vos.




Foto: campo en una localidad de los alrededores de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

SENTIDOS SENTIDOS I - EL TACTO

martes, enero 2

23 murmullo(s)  


Para ella, que ya no quiere más palabras de mí.
Siento.
Sus manos se esconden bajo mi piel y pretenden exorcizarla.
Siento cientos de besos aún no dados... y sus labios con aroma a licor me descubren.
Es raro sentir esto... un trallazo de tiempo. Diez días de ausencia, y el preludio de un abandono.
Me dejo hacer, y todo se da vueltas. Un caballero no se deja tocar como yo lo hago. Pero he perdido mis formas... y vos descubrís las mías.
Una terrible felicidad me embarga.
Me estás acariciando.
Apreciando cada pequeña diferencia de textura, tus dedos buscando cada pliegue y tu piel chocando con la mía. Misteriosa fuerza de neutrones, electrones y protones en un perfecto roce eléctrico.
Las velas temblando. El aroma de este espacio perfecto que preparaste para mí. La locura es casi ambigua, y puedo ver por el espejo que pusiste estratégica... tu sonrisa egoísta y maliciosa.
Me arde este deseo que se trasluce por tu lengua. Sólo se escucha el runrún de un aire acondicionado que enferma la noche.
Mi piel es un desierto, y vos estás sembrando en ella. Llevando humedad, y haciendo crecer la luz de tu deseo, que a veces es ausencia. Y otras veces sólo diversión. Y yo me dejo hacer.
He dejado de ser un caballero.
Soy un samurai y vos un kamikaze. Suelto un grito ahogado cuando el viento enfría mi espalda desnuda. Sos una niña, una nena descubriéndome.
Esta madrugada no parece nunca acabar. Esta noche de angustiosa calma.
Vos solo querés jugar. Y yo quiero que juegues conmigo.
Un botón y otro botón... y tu mano encontrándome.
Mi sangre yendo de visita a un solo lugar... y la textura de tu mano encontrando la mía. Entrelazándose. Encontrando cada recoveco cínico y escabroso... haciendo un leve ruido de roce...
Tu piel aprendiendo de la mía. Y yo sólo sintiéndote.
Salta el último botón. Ese pequeño maldito fragmento cancerbero del deseo mutuo...
Y vos aprendiendo de mi piel... comiendote mi espalda a dentelladas, haciéndome jirones el alma de deseo. Y yo sólo tengo cabeza para dentir, sin pensar. No me acostumbro a dejarme llevar.
Siempre te vas a alguna parte. Volando sin motor. Y yo me quedo mirando el cielo.
Estoy aterido de angustia. Es que no puedo creer que estés acá y no estés, que me toques y no... que me digas hoy que me deseas; y mañana que no...
Hasta parece que me gustase este continuo caer al vacío. El de tus manos sobre mí.
Estás acá y no podés irte. Tus manos siguen en mi regazo y mis dedos entre tu pelo.
Pero no puedo tocarte. Sólo vos podés tocarme a mí.
Qué bien se siente...
Es un sueño. Un maldito sueño del cual me despertaste a sacudones.
Un maldito y bello sueño.
No dejo de esperarte.